Años ha, cuando la tecnología médica carecía de los equipos y adelantos con los que ahora cuenta, y por dicho motivo, no se podía diagnosticar una discapacidad o alteración física o psíquica del feto, era lógico dar a luz al bebé y criarlo tuviera la malformación que tuviera: se trataba del hijo de uno, ya formado y fuera del seno materno, y llegaba así, sin previo aviso.
Pero hoy en día, con los adelantos que la medicina nos brinda, ¿con qué fin va a traer uno a un ser discapacitado a un mundo donde la sola supervivencia en esta sociedad egoísta, materialista y competitiva no brinda un nicho de existencia aceptable a un ser carente de defensas, y por ende, esclaviza a unos padres de por vida?
O nuestro Ministro de Justicia, con esta nueva Ley del Aborto, carece de la sensibilidad necesaria para entender esto, o va por la vida de beata mojigata, o por último, solo nos queda pensar que le falta un hervor.