Así debería de ser en todas partes, pero, por desgracia, no lo es.
Una norteamericana, con un cáncer cerebral terminal, se ha tenido que trasladar a vivir a Oregón, estado de los Estados Unidos de América, para poder terminar con su vida cómo y cuándo ella lo desee, ya que en los demás estados americanos no está permitida esta práctica, aunque sea para enfermedades terminales.
Pues apoyamos a esta mujer que, conociendo su próximo final, desea adelantarse y morir en las condiciones que ella establece como dignas para hacerlo, en su hogar, junto a su marido y su madre.
Los Gobiernos deberían estudiar más a fondo las Leyes relativas a la Eutanasia en casos como el que se describe, ya que facilitaría la muerte de los que sufren y no cuentan con una curación posible.