Este finde le he estado dando vueltas a lo que me dijo la pasante del despacho del cabrón de mi abogado, o lo que me trató de decir, ya que la corté y me piré en mitad del rollo. Por lo que entendí, parece ser que ya ha llegado el momento de hacer una declaración, lo que me comentó Juan en su última visita. He de llamar y hablar con su secre para que me despeje la duda.
El sábado vino mi mama a comunicar. En la cabina del lado izquierdo estaba Eleuterio Jiménez, un compi del módulo, merchero y que alardea de tener sangre gitana; siempre anda con ellos. Se llegaron media docena de sus familiares, entre ellos, dos churumbeles que no pararon de correr de un lado al otro del pasillo. Como es habitual, se comunicaban a voces, pero en un momento dado y después de que la que parecía ser su mujer le soltara algo inapropiado, el tío se levantó y a grito limpio y golpes contra el vidrio, berreó:
-¡Me cagu en tos tus muertos, so lumianca. Ti voy a rajar cuando sarga den aquí. Ti mato, su cabrona, ti mato, me cago en tó, me cago!
Tantas hostias dio al vidrio como gritos al cielo. Toda su familia se retiró del cristal aterrorizada, hasta que los funcionariosllegaron y trataron de llevarse al menda que no quería salir de la cabina ni a tiros. Por ello la emprendió con losjinchos, mientras pidieron refuerzos y, por fin, lo alzaron entre cuatro y se lo llevaron.
A partir de ese momento pude entenderme con la vieja, que me comentó, que estuvo hablando con mi mujer sobre nuestra situación, y se quedó muy preocupada. Patricia no le contó nada sobre la realidad, solo que estaba cansada de esta situación y no sabía hasta cuándo podría aguantar.
Mi madre se encuentra agobiada por lo que le pueda afectar al niño, y también por mí. Piensa que sin el apoyo de mi mujer me vendré abajo. Sí supiera la pobre, el verdadero motivo por el que me encuentro, no abajo, sino hundido del todo, le daría un chungo. Preferí no ponerla al tanto de nada, tan solo confirmar mi sensación de abandono a la que mi mujer me tiene sometido.