Hoy recibo carta de Paula. Nada más tomarla en mis manos, el olor a perfumazo me echa pá tras, pero no porque me desagrade, sino por la intensidad del aroma que el papel retiene. De inmediato mi subconsciente, y al registrar el olor, me devuelve al día del sociocultural, a la tarde donde me la follé en el tigre y… mi pollón se pone a berrear. Me alejo de la perrera en dirección al patio para evitar que se me note el paquete hinchado, y también, para aislarme y poder leer tranquilo.
Me acurrucó en una esquina y comienzo a hojear la carta. El perfume me sigue embriagando y mantiene mis ferominas o feroz…, bueno, no recuerdo el palabro, en pie de guerra. Paula cuenta, que se ha enterado que están organizando un curso de informática en el socio, y que será mixto, para una docena de internos e internas y de una duración de cuatro meses. ¡Sí, cuatro meses una vez a la semana, u sea, dieciséis sesiones para vernos!, comenta entusiasmada. Qué ella ya ha hablado con la educadora y con el enchufe de una compi suya, la economatera, puede que la incluyan en el curso. Que me apunte, a ver si así nos podemos ver todas las semanas, y tocar, y besar, y…
No sigo leyendo porque siento que mis gayumbos comienzan a empaparse. De inmediato me levantó y me dirijo a la pecera. Recuerdo que mañana miércoles vendrá el educador, y se lo voy a proponer.
-Una instancia, don Juan José –solicito por la rendija del cristal.
La relleno y la entrego, esperando que alcance a recibirme mañana; tiene que ser mañana, porque si espero una semana más, quizás el cupo esté completo, y entonces me quedaré con las ganas.
El resto de la tarde me la paso comiéndome el tarro a caballo entre los polvos que le echaré a la Paula y la declaración del viernes. Salto de uno al otro mientras mi pantalón se hincha y se deshincha al compás de mis pensamientos.
Por la noche no duermo y no tengo a nadie con quien explayarme.