La verdad, estoy encantado de estar solo, y ni de coña echo de menos al inglés. En cambio al Edu… con ese si me entretenía y existía un buen rollito entre ambos. ¿Qué será de él en el módulo duro? Seguro que sobrevive, ya que a pesar de ser un pijillo, tiene todas las características del sobreviviente nato, de ese que lo sueltes donde los sueltes sale adelante liando a cualquiera.
Pero lo más relevante que me ha ocurrido la semana pasada ha sido la salida de mi crío del hospital. Fue el sábado al mediodía cuando le dieron el alta. Pude hablar con él y estaba de a buti, feliz y con ganas de ver a los amigos. Me comentó que lo habían escayolado y que le pintaron algunos dibujos en la escayola. Pero al final, cuando nos despedimos y me preguntó por mi ausencia, se me vino de nuevo el mundo abajo. Cuando colgué, unos lagrimones mal disimulados corrían por mi mejilla.
Un sentimiento de culpabilidad se adueñó de mí: esa impotencia de no poder salir corriendo a abrazar a mi hijo enfermo, de no haber podido estar junto a él en el hospital, de perderme su mejor época, su crecimiento, todo eso se ha apoderado cada tanto de mis emociones y me ha hundido en la miseria más absoluta, máxime, cuando en algunos momentos levantaba la vista y solo divisaba muros de hormigón grisáceos, alambradas oxidadas y caras descompuestas por las drogas, el aislamiento y el dolor. Aunque nos pinten los centros de verde y otros colorines, la tristeza y el dolor campan a sus anchas por los pasillos, los patios, las celdas… todo se impregna de ello, y del olor tan característico de prisión.
Solo con ver el mes en curso en el calendario, me da el bajón. Y para más inri, esta semana tenemos puente, qué puente, acueducto. Mañana y el jueves son días festivos, y me apuesto el huevo derecho, que gran parte de la junta de tratamiento se va de puente. Losfuncionarios de patio, esos no, eso nos tienen que vigilar para que no nos piremos. Pero los técnicos, a esos a los que nosotros necesitamos, no vamos a ver ni ninguno.