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DIARIO DE UN PREVENTIVO

24/1/2012

Martes, 24 de enero

Joder, si empieza con buen pie el Muertes. Hoy la tiene con el segundo, y nada menos que con el kurdo, uno de mis pocos compis. Y todo por el puto teléfono; lo típico. Por la mañana el kurdo ha invitado a un café a un machaca que le ha cogido la vez nada más bajar de la siesta. Pero el Muertes llega y se pone el primero en la colita de los cojones antes de que el kurdo aparezca, haciendo caso omiso al machaca.

Pues mi compi arriba justo en el momento en el que el tatuado coge el auricular en sus manos. El Muertes tiene frente a si a un personaje ya entrado en años, con la jeta marcada por los surcos, una calvicie visible, aunque ancho de espaldas y expresión que no deja dudas.

-Mi vez llegar. Yo tener que llamar a mi país. Tu darme teléfono –le suelta sin ambages el montañés del Kurdistán.

El Muertes se lo queda mirando, hace un gesto despectivo y comienza a marcar, sin darle respuesta ni nada que se le parezca. En ese momento siente una tenaza aferrando su hombro. Se gira y golpea con el auricular del aparato al otro en el brazo. Es lo último que hace. Un solo golpe en su mandíbula lo deja fuera de orbita, de la terrestre. Cae como un plomo. El kurdo toma con tranquilidad el auricular y llama, mientras el otro permanece tumbado a sus pies.

Aunque alguno se ha percatado del tema y se acerca a ver la escena, la mayoría no se ha pispado, incluidos los funcionarios. Ha sido tan rápido, tan demoledor, tan silencioso, sin voces, ná de ná, que todo parece seguir igual.

Me pispo y de inmediato solicito a Jesús un par de machacas que aparten el cuerpo. Éste da las órdenes oportunas, y en el preciso instante en que la peña comienza a arremolinarse alrededor del lugar y algún jincho curioso alza la cabeza en busca de algo, dos sombras arrastran el cuerpo hasta el tigre del salón. Jesús dispersa al resto.

-Tu amigo me debe una. Que no se le olvide –me suelta el jefe de office, el Jesús.