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DIARIO DE UN PREVENTIVO

21/6/2011

Martes, 21 de junio

Hoy por fin me animo a llamar a mi mujer; estoy acojonado de lo que me espera al otro lado de los hilos, ya que llevo casi una semana sin hablar con ella, y por lo que me comentó mi madre, el sábado aún no estaba el horno para bollos.

¡La hostia! Cuando escucho su voz en la línea, pienso que me he equivocado de número. Tengo que repetir en tres ocasiones su nombre, Pati, ¿Patricia?, ¿eres tú?, para hacerme a la idea de que hablo con ella. Un tono entre sensual y cariñoso me embarga desde el primer momento. 

-Sí, mi amor, soy yo, Patricia. Perdona por no haber ido a comunicar el otro día, pero tuve que llevar al niño al colegio. Ya sabes, la fiesta de fin de curso, las condecoraciones y toda esa patraña. Y encima, aguantando las miraditas de los papás de sus compañeros, esas que lo dicen todo: mira, la mujer del narcotraficante ese… claro, ahora ya entendemos de dónde les llegaba el dinero… seguro que ella también estaba al tanto… yo ya no dejo que mi Alvarito juegue con su hijo; ¡qué horror! Y así, una tras otra. Pero ya no importa. Por cierto, un abogado me ha entregado 23.000€ en efectivo. Me comentó que representaba a tus dos jefes de las discos, y que habían hecho una colecta para echarnos una mano. Le firme un recibo y listo. Muchas gracias, tesoro, no sabes el peso que me quitas de encima, además, con dinero limpio, y no esa porquería que traías de las drogas. Bueno, ¿y tú qué tal?

Tardo en responder. Tengo la boca abierta como un buzón de correos. Por fin, Héctor, el colombiano, había entregado el dinero, y además, con la fórmula que yo le había propuesto, para que Patricia no sospechara nada. De la otra manera, no sé si lo hubiera aceptado. Nunca se sabe con estas mujeres; mira como ha cambiado conmigo desde que recibió la pasta.

-Yo bien, cariño, aunque me quedé triste en la comunica… -la llamada se corta tras los cinco minutos y me quedo con las ganas.