Se está demostrando que (en especial los jóvenes), los adoctrinados en el Islam radical de manera express, un sistema utilizado en los últimos tiempos y que se basa en la captación de chicos y chicas que llevan en apariencia una vida normalizada para después de varias semanas de adoctrinamiento estar dispuestos a viajar a países como Siria a enrolarse en la Yihad, cuenta con unos soportes poco sólidos y que se desmoronan en el momento en que estos nuevos miembros son apartados de los grupos radicales durante un tiempo.
La Audiencia Nacional ha podido constatar que los nuevos menores yihadistas detenidos en España antes de viajar a formarse o a combatir en las guerras de Oriente Medio. abandonan con prontitud ese radicalismo recién inoculado cuando la Justicia les brinda una segunda oportunidad con estudios y trabajo psicológico con profesionales en centros de menores.
Se ha comprobado en la mayoría de las ocasiones que estos menores y jóvenes abrazan la Yihad como un “recurso de afrontamiento”, es decir, con ello cubren sus insatisfacciones propias de la edad, además de provenir de hogares desestructurados que los llevaron a abandonar los estudios, la familia y los amigos, drogarse y buscar en el radicalismo yihadista un sentido a la vida.
Una vez detenidos y apartados de ese lavado de cerebro propio de estos grupos, y brindándoles las herramientas oportunas además de “recursos personales, sociales y formativos”, vuelven a adquirir la confianza perdida y se integran con facilidad en la sociedad.
Es fácil adoctrinar niños y jóvenes con la zanahoria de la heroicidad y la pertenencia a una gran familia universal, para después enviarlos a la muerte en la guerra o autoinmolarse con una explosión feroz por algo o alguien que ni entienden ni conocen.

