Según un informe de la FEAPS, el 70% de los imputados en casos penales con discapacidad o enfermedad mental terminan con sus huesos en prisión en lugar de ir a parar a un Hospital Psiquiátrico o similar.
¿Por qué?
Pues sencillamente, porque no se detectan dichas discapacidades y/o enfermedades durante el proceso judicial y en el juicio, tan solo sale a relucir en los patios de prisión.
Y eso se debe a que los protocolos judiciales a este respecto fallan, de ahí, que en los patios de los módulos penitenciarios te encuentres tantos internos con reacciones poco comunes que derivan en agresiones impartidas o recibidas a otros presos, además del sufrimiento que cargan y que, en ocasiones, terminan en autolesiones e ingresos en las enfermerías de dichos centros.
En lugar de construir tanta prisión en beneficio de las grandes constructoras y con un fin claramente electoralista, deberían cuidar más los procedimientos y los programas para este tipo de presos.