Una situación paradójica se dio el 5 de junio en la cárcel de Topas:
Los Funcionarios de Prisiones que acudían a trabajar al centro penitenciario fueron cacheados, al igual que sus vehículos, por otros funcionarios, desconocemos si de Prisiones o de las Fuerzas de Seguridad del Estado.
Extraña tesitura, cuando con habitualidad son ellos los que cachean a los internos sin previo aviso. Pero la dirección del centro tenía más que fundadas sospechas que dichos funcionarios pudieran introducir o sustraer algún tipo de productos o artilugios a o de la prisión.
El Sindicato de Funcionarios de Prisiones ACAIP remitió un escrito a la Fiscalía y a otras instituciones denunciando el hecho por si pudiera ser constitutivo de delito o falta.
Pero en esta noticia no se recoge que en nuestras prisiones se realizan diariamente cacheos a los internos y a sus familiares de manera ilegal, sin orden judicial alguna y que en muchas de las ocasiones llegan a ser I-N-T-E-G-R-A-L-E-S, es decir, que los obligan a desnudarse totalmente, llegándose a realizar, en algunos casos, exploraciones de ciertas partes íntimas.
¿Cómo se sienten ahora estos funcionarios, cuando pasan de ser ejecutores de acciones irregulares a ser las víctimas de las mismas?
¿Qué experimenta una persona, cuando además de ser privado de su libertad, es privado de su dignidad e intimidad de manera indebida?
Es bueno probar en carne propia lo que uno lleva a cabo en la ajena.