Algo me alertó sobre una amenaza a la vista. Todo en mí se desinfló, el nudo se deshizo de pronto y mi ansia tornose preocupación. - Hable, sin miedos, dígame qué le ocurre - insistí nada resuelto. Enderezó el cuerpo, no la mirada. - Eeeh, pues mire, es... es que estoy embarasada - soltó vomitando veloz las últimas palabras. - ¿Queeeeeeeé? – estiré en un solo monosílabo. - Pero, pero, eso es imposible, si yo apenas... -invoqué suplicante a mis recuerdos de eso que no llegó a ser ni siquiera intento de polvo. Traté de reponerme, al tiempo que ella había retomado esa postura altiva de razas de siempre. Esperaba mi reacción, ya sin prisas ni penas. - Pues, algo habrá que hacer, ¿verdad?- mascullé de sonrisa forzada. No se inmutó, cruzándose de brazos a la espera de algo. Entonces habló: - Sí, patrón, tenerlo. Quiero parir a ese pelaíto suyo. - Hombre, la verdad, existen otras posibilidades más prácticas. Qué va a hacer con un niño, a su edad y...