LOS SACERDOTES: ANTES QUE RELIGIOSOS SON SERES HUMANOS
9/12/2013
Pretender que un sacerdote por llevar los hábitos deje de sentir, y por ende, su libido se desvanezca, es como creer aún en los Reyes Magos.
Reprimir no significa borrar, eliminar, tan solo mantener a raya. Y eso es lo que ocurre en el caso de los religiosos, salvo que esa necesidad reprimida salga a la superficie en forma de erupción volcánica después de años de aparente calma y por cualquier motivo que actúe como detonante de dicha explosión.
Desde que la Iglesia se conforma como Institución y prohíbe el matrimonio de sus representantes eclesiásticos, las “sobrinas”, las viudas, las beatas, y también los monaguillos y seminaristas, se convierten en el blanco de ese deseo reprimido de sus superiores que, en muchas de las ocasiones, o por placer o por amenazas, culminan en relaciones subrepticias, aunque estables en el tiempo.
En el caso del cura del pueblo relacionado con la chapuza del cuadro del “Ecce Homo”, la Juez tiene más que claro que dicho sacerdote desfalcó casi 200.000 euros de las arcas de su parroquia, y también intuye, que el motivo por el que se hizo con dicha cantidad, aunque él no lo reconozca y prefiera entrar en prisión antes que hacerlo, no es otro que un vulgar chantaje de un clan gitano por unas supuestas fotos del sacerdote con unas muchachas romanís y no precisamente dándoles la bendición.
Pues nada, que el curilla erre que erre que lo han engañado, y no desea dar su brazo a torcer, cuando cualquiera en su sano juicio entendería que el pecadillo que cometió con las chicas es propio de la naturaleza humana, aunque no de la católica.
Por algo Lutero, al fundamentar el protestantismo, aceptó que sus ministros pudieran contraer matrimonio, para así acercarlos más a la problemática diaria de sus fieles… y a que dejasen de perseguir críos y beatas por las esquinas.