Ayer recogimos la noticia de la creación en Uruguay de una prisión modelo de convivencia y de trabajo autogestionada por los presos.
Hoy, lamentablemente, nos vamos al polo opuesto.
En los últimos 6 meses en Brasil se han registrado 23 incidentes en sus cárceles saturadas hasta convertir al país en el cuarto del mundo en número de presos, y con menos prisiones en relación a la población reclusa.
El 29 de diciembre se fraguó un motín en una de las prisiones del sur de dicha nación con toma de rehenes y disturbios entre la Policía Militar y los reclusos.
Esta es la doble cara de dos países colindantes de América del Sur, uno en busca de la solución a través del reconocimiento personal de sus reclusos, y el otro, utilizando la represión a fin de controlar una situación que se desborda y que tenderá a deteriorarse aún más.