Poco más que añadir al caso de un indigente que muere de desnutrición y pesando apenas 30 kilos, el peso de una niña de unos 9 años.
Que en nuestro primer mundo fallezca un ciudadano polaco, es decir, de la misma CEE por abandono y falta de alimentación, dice mucho de cómo funciona nuestra sociedad de consumo, y donde opera la Ley del más fuerte, y entendamos fuerte como el que más dinero, poder y relaciones acumula. A esos no les falta nada ni en prisión.
Vergüenza nos debería de dar que se nos mueran los jóvenes por la calle debido a que nadie les brinda una comida o un apoyo.