Es un tema tan traído a colación que ya aburre, pero a su vez, enerva.
¿Por qué no existe un político, del color ideológico que sea, que tenga la suficiente dignidad de reconocer de una vez por todas su error?
Roban, malversan, corrompen, cobran comisiones y un largo etcétera, que mientras no sale a la luz nadie percibe, ya que como Juan Palomo, ellos se lo guisan y ellos se lo comen.
Pero en alguna ocasión se descubre y salta a los medios públicos y, entonces… juran y perjuran que ellos no fueron los artífices, que nada tuvieron que ver o que desconocían tales maniobras oscuras.
El ciudadano podría entender y hasta aceptar, que un funcionario público, después de años de ver pasar por delante de sus narices operaciones y dineros millonarios, cayera en la tentación de entrar en ese juego sucio, pero lo que el respetable no digiere de ninguna manera, es que después de apropiarse de dichas sumas, se recochineen de uno afirmando su inocencia, como el caso que nos ocupa, del alcalde de Sabadell, que grita a los cuatro vientos: "Vengo a demostrar mi inocencia. No tengo nada que ver con ninguna trama de corrupción".
Si han caído en la seducción del dinero fácil, por lo menos, tengan las agallas de decir: “FUI YO”.