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DE LAS PAREJAS Y SUS RELACIONES EN PRISIÓN (202)

30/4/2010

Y ella lo sabe. Si a eso le suma la guerra de guerrillas que a partir de este momento se va a crear en el patio, entonces las fuerzas le abandonan. Y todo por meterse donde no la llaman. Aunque si no hubiera sido por el tema de la Paisa hubiera surgido con cualquier otro pretexto. La gitana no conoce el significado de la palabra paz: nació en combate, se crió en un medio hostil, vive en un campo de batalla controlado y morirá en cualquier altercado de arma o de agresión física; pero de anciana seguro que no asciende a las alturas.

Cuando apenas han dado un par de pasos por el patio, ve como la Paisa se acerca rauda a su encuentro.

-¿Cómo le fue, parcera?, ¿pudo arreglar la vaina? Porque he visto entrar a la Patri hace un ratico bufando como un buey, bien verraca. Dígame –insiste la compi.

-Pues…, la vaina está maluca. Se agarró tremendo berrinche, montó un mierdero en el economato y por esto –le indica con ambos dedos –no me pone la mano encima. Eso si, me mentó la madre y me amenazó con esas vainas que sueltan los gitanos, de que si te vas a morir, que si tu familia y  toda esa mamera que ellos cuentan.

Las tres permanecen en silencio. Después la Paisa toma la palabra.

-Qué pena con usted, Elisabeth María. Por mi vaina se ha metido usted en tremenda berriondera y encima, embarazada. Si quiere voy a hablar con esta hijueputa y…

-No, no hable más con esa malparida. Pensemos en algo y mañana lo conversamos, ¿le parece?