Otra noche en vela, pero esta vela se torna velamen. Porque ya no solo ha de maquinar como echar un cable a su compatriota la Paisa, sino de cómo protegerse ella y a su ser amado de un ataque pirata que prevé inminente. Y eso la mantiene en vigilia, en una vigilia tirante. Urde en su mente aún inocente una encerrona a la gitana, en donde varias paisanas y, cuando la romaní entra sola al tigre a hacer sus necesidades, la abordan y le propinan una soberana paliza. Se supone que una paliza de advertencia, no de muerte, pero de clara admonición del peligro que entraña hacer la guerra a las suramericanas. En el desarrollo de la estrategia ve a la romaní salir con el ojo a la machimberra y distanciándose a partir de ese instante de ellas.
El resultado de toda esta fantasiosa conjura tranquiliza a Elisabeth María, que ya a altas horas de la madrugada relaja su espíritu y se abandona a un profundo sueño, no sin antes organizar en su mente la consecución de su ataque bucanero para el fin de semana, momento en que gran parte de las compis estarán comunicando y la Patri se encontrará apenas acompañada.
Pasan un par de días de tensa calma y donde aparentemente la vida del patio transcurre por los derroteros usuales del día a día taleguero: alguna que otra escaramuza, la caída desde el cielo azul de unas cuantas pilas cargadas que vuelven a abastecer al módulo de jaco y chocolate, los conciliábulos de la Patri con sus adláteres tramando cualquier pendencia o maniobra oscura, en fin, el habitual transcurrir de las jornadas habituales. Por ello, Elisabeth María no se encuentra en estado de alerta mientras maquina el asalto de apercibimiento del sábado a la Patri.
El jueves por la mañana amanece apacible. La colombiana está exultante; soñó anoche con el Filetes. En el vis-vis. Pero en esta ocasión la comunicación transcurre de diferente manera a la de las anteriores visitas. Se aman con la intensidad y la candidez que solo el encierro proporciona, gozando hasta el último instante del cuerpo, las caricias y los sentimientos que ambos se prodigan.