Cuando despierta se palpa los rugosos labios entre la maleza y retira los dedos embadurnados en sus propios fluidos. El placer es tan intenso que duda entre haber sido la protagonista de una alucinación o de un hecho real. Vuelve a introducir el índice y el dedo corazón en su intimidad. Apenas con un par de movimientos alrededor de su montículo erecto hace su aparición de golpe el orgasmo. Se retuerce en el catre de manera sigilosa mientras mantiene sus extremidades inmóviles dentro de ella. Al cabo del rato escucha a los lejos la advertencia del recuento.
Por ello, la suramericana baja de buen talante al patio, con ganas de aspirar aire. Uno de esos escasos días en que desaparece el lastre de los muros y los presos perciben la libertad con solo elevar la vista al cielo desde un cubo. En ese momento un avión surca las alturas mientras ella ruega con la mirada, llévame contigo, arrástrame de este infierno hasta mi hogar. La fantasía desaparece con la estela del aparato en una esquina del alto muro. La eterna quimera del patio: engancharse a una de esas aeronaves voladores y despegar de esa cuadrícula de hormigón.
Pero a pesar de todo siente el día como apetecible. Toca su inminente panza, ya de cuatro meses y advierte la vida en ella. Desde hace un par de semanas siente las primeras patadas, bueno, patadas, patadas, no, más bien los estiramientos de su pequeño. De repente un bultillo hace su aparición en un costado, para desaparecer y volver a surgir en otro lado del vientre. Debe ser el piecito que coloca mi bebe, piensa de continuo la colombiana mientras sonríe con ternura.
Cuando al mediodía sale del economato, se dirige de inmediato al tigre del patio. En el último mes acude rutinariamente al servicio debido a la necesidad de hacer pis. De continuo siente la presión sobre su vejiga y eso la obliga a salir del economato, entrar en el módulo, cruzar el patio e ir al tigre; total por unas gotitas de nada. Pero todo ese movimiento de ida y vuelta no pasa desapercibido a algunas compañeras, ni a las funcionarias, que de tanto abrir y cerrar el portón, le sugieren a la internaque pida un orinal por demandadero, motivo de guasa y risa detrás del cristal de la pecera.