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DE LAS PAREJAS Y SUS RELACIONES EN PRISIÓN (207)

7/5/2010

Llegan a la sala donde un corro las rodea de inmediato. Unas salen en busca de las funcionarias, otras en dirección al tigre. Pronto el servicio se ve tomado por un grupo de funcionarias y funcionarios, rodeados por las internas. Ante la situación, los de azul ordenan que unas cuantas chicas alcen a la colombiana y les sigan, con el cuerpo en vilo, hasta la enfermería. Se organiza una comitiva de funcionarios y internas propia de procesión de Semana Santa; en medio un cuerpo que aún no se define como el de ser vivo o de difunto.

Así se llegan al módulo de enfermería, mientras a los lejos, una tropa de dos subdirectores flanqueados por varios jefes de servicio, se acerca rauda al encuentro. 

Después de varias horas de incertidumbre entre aferrarse a la vida o morir, Elisabeth María da signos de mantenerse atada a este mundo al que pocas satisfacciones ha arrancado. Al conseguir estabilizar durante unas horas sus constantes vitales, el subdirector médico da la orden de pedir de manera urgente una ambulancia para trasladarla al hospital habitual donde envían a los internos con las dolencias más graves. La administración del centro es consciente de que si la interna muere debido a los hechos acaecidos, se les abrirá una investigación por parte de la Fiscalía General del Estado, además de lo cual, la noticia también se filtrará a los medios de comunicación y con ellos la alarma social se disparará como un reguero de combustible.

Ese mismo día comienza una investigación en toda regla, no solo en el susodicho módulo, sino también en el resto del centro, por si una perra chivata tenga a bien dar un aviso o alguna información subterránea mane desde el subsuelo. Como siempre ocurre en estos casos, nadie sabe nada, nadie ha oído nada. Y los pocos y pocas que conocen la historia, prefieren callar, no solo por lo que pudiera hacer la cíngara, sino por la posible reacción generalizada en todos los módulos por el propio colectivo romaní.