Sale de la habitación en busca del facultativo. Una enfermera le indica con el índice la figura de un médico, que embatado, se encamina por el pasillo en compañía de varios embatados más.
–Doctor Pueyo, buenos días, ¿me podría poner al tanto del estado de Elisabeth María Cardozo, la mujer colombiana que se encuentra en la habitación 214?
-¿Es usted familiar de la paciente? –pregunta el médico, tomando sus gafas del tabique y paralizando el desplazamiento de la comitiva médica.
-La familia de mi defendida se encuentra en Colombia y aún no se le ha comunicado el estado de su familiar. Y como comprenderá, doctor, siendo suramericana y conociendo la situación penitenciaria en que se halla, podrá imaginarse que nadie más acuda a visitarla. Bien, y dado que soy su única relación en España, además de su representante legal, le estaría agradecido me informara de su cuadro médico.
-Pues bien, señor Pamos, y para que usted lo entienda y dejando de lado los tecnicismos propios de los médicos, la paciente presenta un cuadro muy grave, por contusiones varias, en diferentes zonas del cuerpo, y de especial gravedad son las lesiones en los riñones y abdomen. Ha recibido igualmente dos incisiones en la zona lumbar de unos diez centímetros de profundidad que por suerte no han dañado ningún órgano vital. Por último, confirmarle que hemos tenido que practicarle un aborto, dado que el feto ya estaba muerto y entendemos que la causa haya sido las múltiples agresiones sufridas por la paciente. La mantenemos en coma inducido hasta que su evolución indique lo contrario. Por el informe médico que recibí del centro penitenciario a la llegada de la paciente, en un primer momento temimos por su vida. Ya sabe, las primeras 72 horas son vitales, y a partir de ese momento ha ido evolucionando lenta pero favorablemente. No obstante, quiero hacer hincapié en que no se encuentra fuera de peligro –termina de comunicar el médico con expresión grave.