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DE LAS PAREJAS Y SUS RELACIONES EN PRISIÓN (232)

11/6/2010

• Las pilas solo alcanzan el módulo contiguo, por lo que no llegan al resto de módulos; el negocio se torna local, sin visos de crecimiento.

• Los funcionarios están muy al loro de la llegada de pilas, por lo que es común que pillen un cargamento volador a pesar de los machacas distribuidos por el patio y cantando el agua.

• Las cantidades adheridas a las pilas no suelen pasar de una postura, por lo que en caso de que se requiera un envío mayor, las posibilidades de llegada de varias pilas menguan.

• En ocasiones las pilas se pierden en los aleros, en los tejados o en el mismo patio, por lo que comienzan a fraguarse las desconfianzas entre el exportador y el importador del producto, desconfianzas que terminan en reyertas, pinchazos y en algún momento, en muertes.

Los otros sistemas son aún más arcaicos, como el del encuentro esporádico de los que trapichean en la misa del domingo, o en el cine del sociocultural durante la proyección de alguna película; también durante las actividades deportivas, en especial, en los partidos de fútbol de fin de semana. Pero todo ello llevado de una manera anárquica, sin una organización de tiempos y entregas claros. Esto lo averiguó Elisabeth María con el tiempo, la experiencia y mediante algunas "inocentes" preguntas lanzadas al aire entre los compis.

Ahora, después de una detallada preparación, sale al mercado con este revolucionario sistema. Todo se realizará a través de los economatos, destinos con relativa facilidad de movimientos y de mercaderías. Y el hilo conductor de dicha tela de araña, la conexión entre todos ellos la detentará el Muelas, el principal destino y encargado del economato central, el que distribuye durante la semana las diferentes mercancías de la nave del economato central a todos los economatos de los diversos módulos del talego. Y para ello cuenta Elisabeth María con su antigua compañera de economato, a la que pone al frente del Lobby y que será la encargada de transmitir las órdenes al Muelas, a fin de que éste recoja y entregue los encargos prohibidos a cualquiera de los puntos de entrega y recogida: los demás economatos.

A cada cual se le ofrece una comisión por operación realizada. Si alguno no entra por el aro, se repite dicha propuesta al ayudante del economatero remolón; todos, o casi todos, terminaron aceptando el ofrecimiento. Nadie desea salir en libertad con una mano por delante y otra por detrás, a dos velas.