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DE LAS PAREJAS Y SUS RELACIONES EN PRISIÓN (244)

29/6/2010

De vuelta en el módulo, sus compis la rodean para preguntarle. Pocas conocen el trámite de un juicio, la sensación de la soledad rodeada, la gravedad y el peso de esas togas cenicientas; pocas han puesto su vida en esas seis manos que se preven imparciales, pero que en raras ocasiones cumplen ese precepto.

Apenas da respuestas. Ellas tampoco insisten en esta su nueva etapa de autismo consciente; la respetan, en ocasiones es temor el que transmite con su mirar, por lo que al cabo de varios intentos infructuosos, fragmentan el círculo y cada cual toma su camino; nada han sacado en claro.

La distribución de lo ilegal sigue su curso de manera inexorable, sin verse obstaculizada por juicios ni por otros problemas que a diario surgen en estos centros. Ha adquirido vida propia y como un rodillo continuá con su labor demoledora por todos los módulos. Elisabeth María tan solo supervisa y da las órdenes oportunas a su ayudante para mantener engrasada dicha maquinaria.

Pasados unos días, la colombiana acude al módulo 8 al reparto de libros y prensa; se mantiene firme en su destino para evitar levantar sospechas entre los jefes de servicio del centro, siempre acechadores a cualquier cambio de actitud de los internos

Llama a los solicitantes de libros, para posteriormente hacer entrega de los mismos. El último en acudir, como no podía ser de otra manera, es la July.

-Hola, guapa, ¿me has traido la cultura? –pregunta con sorna el travelo.

-Quí hubo, July. Sí, acá le traigo lo que me pidió.

-Me importa un culo el libro. Lo he pedido para hablar contigo –responde la July. –Mira, tú siempre te has enrollado conmigo y me caes de a buti. Por eso te tengo que poner sobre aviso. Te cuento.

Y comienza, bajando la voz, a contarle su última experiencia que resulta estar ligada, aunque lejana, a la colombiana.