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DE LAS PAREJAS Y SUS RELACIONES EN PRISIÓN (52)

22/9/2009

Durante la cena la colombiana apenas percibe que su compañera de celda se mantiene distante, esquiva. Se encuentra tan dichosa que no se percata del entorno. Pero cuando ya suben a la celda y las puertas se chapan, el mutismo de Cesárea es más que significativo.

-¿Qué le ocurre, mijita?, apenas ha hablado durante la comida y ahora parece que un gato se le hubiera comido la lengua. Dígame que es la vaina.

Cesárea permanece unos instantes en silencio, al cabo de los cuales y con voz lúgubre le suelta:

-No pensé que vose meu ficara esto. Me ha mentido con sus cuentos. Vose falo que no folló con Filetes, que solo ficieron manitas y besos, pero mi garoto  ha escrito y mira lo que meu dice –y le entrega la carta del paisano para que la colombiana la lea.

A medida que avanza con la lectura, su rostro muda de una expresión vivaz a un gesto hosco primero, y que deriva en cuestión de minutos a una faz lúgubre. Cuando termina, permanece sentada con la cuartilla de papel arrugada entre sus manos. Su cabeza gacha y los hombros caídos denotan un desánimo patente. La desilusión la invade.

Se levanta para trepar a su cama. Antes de hacerlo, mira a Cesárea y le dice:

-Me entristece que haya creído antes lo que unos güevones le cuentan que mis palabras. Me ha decepcionado, compi. Todo lo que le dije es cierto y no los embustes que le escribieron, y ya no quiero hablar más.