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DIARIO DE UN PREVENTIVO

29/8/2011

Lunes, 29 de agosto

Las dichosas pastillitas que me dio la doctorcita de los cojones, no eran ni más ni menos que unas Tranquimazine. Se ve que como sustituta que es, no conoce el funcionamiento de la cárcel ni sus prohibiciones; si supiera lo controladas que están y lo que se paga por ellas en el mercado negro de los patios, ni de coña me hubiera dado una, menos siete, que son las que me embolsé. Llevo una fortuna, para los parámetros talegueros, en pastis. Bueno, entre la que me metí pá el cuerpo el viernes, y otra el sábado, me dio para pasar el fin de semana en volandas. Las otras las guardaré por si las necesita algún compi. Yo paso de estar volado todo el día, a menos de que hable con o de Pati; quizás entonces tenga que volver a jalarme una de las dichosas pastis, aunque prefiero los porros.

Mi mama vino a verme este finde… y acompañada de papa. Joder, que sorpresa me llevé cuando vi al viejo, ahí, frente al cristal, mirándome con esa expresión de reproche, con esa jeta seria tan propia en él. Para él soy un golfo y un cabrón que he destrozado la familia, la suya y la mía. No me lo perdona.

Apenas cruzamos palabra salvo los saludos de rigor. Menos mal que mi madre suavizó la escena y se puso a hablar como una cotorra. Tenían buena cara los dos; se ve que el tiempo de descanso en la playita les ha venido de puta madre, porque lo que es antes del veraneo… la pobre tenía unas ojeras. Lo que la habré hecho llorar a mi vieja. Las madres son las únicas que nunca abandonan; el resto de la familia, bueno, pues cada cual a su rollo, pero ellas no.

Las ves llegar cargadas de paquetes, un finde tras otro, sin decaer, sin reproches, con el sufrimiento clavado en el rostro. Y da lo mismo lo que haya hecho su hijo: ya puede ser el mayor asesino o el más malvado de los violadores; ellas siempre están ahí. En cambio las mujeres… algunas si son leales, fieles y resisten carros y carretas, pero otras, como la mía, qué queréis que os diga, unas hijas de la gran puta, unas zorras, unas… te amoooooooo, Patriciaaaaa.