Esta mañana, mientras patieo con los incondicionales, me avisan de comunicaciones:abogado, dicen. Pregunto de nuevo en la pecera y la respuesta del jincho es contundente:
-¡Ya le dije, abogado! Ahora márchese a comunicar.
Salgo agilipollado, sin tenerlas todas conmigo. Pero cómo este cabrón, éste que me ha demostrado desde que me enteré del lío que mantiene con mi mujer que es un puto cobarde, tiene de repente los cojones de presentarse aquí, a verme, pienso, mientras camino con rumbo fijo pero sin percatarme del sendereo que trazo.
En mi interior todo se revuelve a velocidades vertiginosas. La duda se apodera de mí.
Por un lado, ansío encararme con él y verle la jeta de hijo de puta que tiene, para que me reconozca que sí, que se ha tirado a mi mujer, que me tiene abandonado, que no responde a mis llamadas. Pero por el otro, ese propio encuentro, frente a la persona en quien deposité mi futuro, mi libertad, mi vida, mi familia, me acojona, me enfrenta a mis propios miedos, a mis inseguridades, a… todo.
Llego a comunicaciones. Me envían a los locutorios de abogados, a los locutorios VIP, no a los de la chusma, como comentan los de dicho departamento.
Entro. Al otro lado del cristal veo a… una puta abogada, pasante o lo que coño sea. Me desinflo, me relajo, me enervo, me cabreo.
-Buenos días, señor Guerrero, ¿cómo se encuentra? –pregunta la pájara tratando de hacerse la guay conmigo.
-¿Dónde está Juan? ¿Por qué no ha venido él en persona? -inquiero.
-Don Juan no ha podido venir. Se encuentra inmerso en un macroproceso en la Audiencia Nacional. Por ese motivo me envía, para comunicarle que nos han denegado la segunda solicitud de libertad provisional y que ha de realizar una declaración en…
Me levanto sin esperar a que termine de largar, mientras suelto:
-Dígale, que a ver si tiene los huevos de venir a dar la cara…