Amanezco depre. Ayer me cosqué que apenas llevo seis meses, y que ese tiempo en estas casas es nada, una mierda. Pensar que por lo menos han de pasar otros seis hasta que exista la posibilidad de que me concedan la libertad provisional, me hunde en la puta miseria. Mi matrimonio se ha ido al garete, a mi hijo no lo he vuelto a ver desde mi detención, he perdido todo lo hecho hasta el momento, y estoy cerca de la treintena, y aún no tengo ni zorra cuantos años se llevará esta condena de mi vida total. Porque lo que tengo claro, ahora, no reciéningresado, es que me van a caer los años a pares, y para cuando salga ya iré camino de los cuarenta.
Durante los primeros meses guardaba la esperanza de que mi abogado, un figura, me sacara rápido, que encontraría algún gazapo en la instrucción, algún error cometido durante la detención, en fin, me hacia pajas mentales con salir en breve.
Pero la hostia psicológica que me dieron mi mujer y mi abogado este verano, me ha hecho plantar los pies en tierra. Ya no confío en él, además de no poder hablar con él, no contesta, y el conocer la cárcel por dentro, enterarme de la realidad de todos nosotros, me hacen desconfiar de la justicia. Ya no abrigo esperanzas hasta el año que viene, y eso, según me comenta el gallego, si el juicio no se adelanta y el juez se aviene a solicitar unafianza. Ya, y después, ¿qué?
Unos años fuera, el juicio, y otra vez para dentro. ¿Seré capaz de soportar todo ese proceso? Si me otorgan la libertad provisional, me piro: a Suramérica, a África, o no, mejor a Australia, que queda a tomar por el culo.
La verdad, no sé que voy a hacer, ni de mi vida, ni con la vida de los míos; estoy confuso, sin ideas, y apenas empezando una nueva etapa de mi existencia que me puede llevar años.
Lo que decía, hoy amanezco depre y los pensamientos y los sentimientos me devoran a bocados.