Pobre diablo. Desde ayer tarde no se habla de otra cosa en el patio. El menda se encuentra en aislamiento, y aún le caerá la del pulpo cuando salga; debe mucho material a la peña, y más al kie de Jesús.
El caso es que los funcionarios habían oído rumores de que uno de los de permiso traería material empetado en el culo, y que lo tenía dado de sí, por lo que cargaría un cargamento. Pero lo que no conocían era la identidad del dromedario. Por ese motivo, durante el día de ayer andaban pululando ojo avizor en busca de uno de los tres recién llegados. De inmediato sospecharon del pájaro en cuestión cuando lo vieron tan agasajado, pero el remate lo aportó la perra chivata que en el último instante antes de la subida dio el nombre clave.
Por ello supieron que la operación de descarga y distribución no se haría en el tigre en el momento de la llegada, sino que se llevaría a cabo en la celdadel camello y se distribuirá en el patio a la bajada de la siesta.
Chaparon al personal, y sin levantar sospechas, esperaron en el pasillo los veinte minutos reglamentarios propios de la llegada, el cambio de ropa y… el cagar toda la mierda que llevaba empetada en el tremendo boquete anal que el personaje, a fuerza de utilizarlo como zulo, se había moldeado.
De repente, aperturaron la puerta y entraron como un enjambre en el chabolo. Todo, en el preciso momento en que el menda se extraía, rebozado en mierda, el tercer paquete de jaco introducido en varios condones. Ellos, bien enguantados, se abstuvieron de tocar el material. Lo hicieron vestirse y depositar todo lo cagado y lo que terminó de cagar delante de las narices de los jichos en una bolsa de basura. De ahí a la pecera, y de la pecera, al chopano.
Dicen las malas lenguas que le esperan varias semanas de aislamiento y un juicio. De lo que le condenen y, por haber cometido el delito en prisión, se lo va a tener que comer completo. Pobre diablo.