Ayer, durante el vis a vis, me sentí tan distante de este mundo carcelario, que cuando tuvieron que marcharse, a punto estuve de salir con ellos. Sí yo no pertenezco a este mundo, pensé, mientras permanecía con los brazos caídos, con una presión inmensa en la tripa y solo a la espera de volver a mi módulo.
Pero no acabarían aquí las sorpresas. Cuando subimos a celdas, me encontré con todos mis compis de patieo en mi chabolo, y con una tarta claramente taleguera por su decoración; tenía una vela en la mitad. Me cantaron todo lo que se les ocurrió, me abrazaron y cada cual me entregó su regalo: un bolígrafo plástico con el logo de un banco, un libro con las solapas sobadas y guarras, una camiseta que en alguna ocasión fue azul, y Jesús, un peta que me dio con disimulo. Edu, por su parte, tenía una botellita de licor taleguero que guardó para después del recuento.
Losfuncionarios, puestos sobre aviso por Jesús de la fiestuqui que me estaban organizando los compis, tardaron un rato en chapar. Cuando eso ocurrió, y después de pasar el recuento, el Edu y yo encendimos el peta, nos servimos sendos vasos de guarapo, y nos pusimos a charlar de tías y de la vida que llevábamos en libertad. No sé porque, pero presiento que al Edu le queda un telediario en el módulo. La va pifiando una detrás de otra y los funcionarios tienen los huevos hinchados con el niñato. Solo las recomendaciones del director por su relación con el papá del nene impiden que lo envíen de cunda o al chopano.
Bueno, estamos a las puertas del finde y ya me ha avisado mi madre que nadie vendrá de visita después del vis que tuvimos. Además, parece que mi padre está jodido del riñón y la pobre vieja ha de encargarse de él. No tiene suficiente con sus hijos y sus problemas…