Contacta con Infoprisión: infoprision@gmail.com

blog

DIARIO DE UN PREVENTIVO

16/12/2011

Viernes, 16 de diciembre

Ayer, después de una corta siesta, me sacaron a eso de las cuatro menos cuarto de la tarde al curso de informática. Mientras caminaba junto al otro menda del módulo, del que a estas alturas aun no sé el nombre, pensaba en lo bien que me sentía después de recurrir los dos documentos de la mañana. Sí, es verdad que con la ayuda del vecino mi padre mató a un cochino, que los gallegos me explicaron como hacerlo, pero yo puse mi granito de arena y le di a los recursos mi toque personal. Para la próxima cuento con la base.

Llegué con estas pajas mentales al sociocultural. Cuando subí, encontré ya a algunos compis, y a todas las niñas. Siempre llegan ellas antes, o en otro momento que los tíos, por motivos de seguridad, dicen. 

Cuando Paula me vio dio un respingo. Noté como los ojos le resplandecían, y como su cuerpo adquiría una pose provocadora. Mi compañero de la entrepierna engordó de manera inmediata, marcando el paquete en mis vaqueros. Entré rápido en el aula para que la peña no se pispara.

Os podéis imaginar como transcurrió la clase. En cualquier descuido que tenía el profe, Paula me agarraba el paquete o pasaba suavemente la palma de la mano por encima del bulto. Yo indefenso, solo alcanzaba a hundirle algún dedo distraído por debajo de la falda hasta el fondo de esa masa de pelos, carnes rugosas y fluidos que intuía era su coño y lo que lo rodeaba. El compi de al lado trastabillaba sus dedos con las teclas al tiempo que sus ojos bizqueaban de continuo hacia su izquierda. A Paula le importaba un carajo, como ella más tarde me reconoció, y a mi me la sudaba. Pues nada, se cascaría después un pajón a nuestra salud.

Hoy tampoco pudimos pasar de un buen revolcón columnero durante la hora del descanso, ya que se había formado una tercera pareja, y las dos mejores columnas, las que más tapaban, se encontraban ocupadas, y la que quedaba, apenas nos guarecía con su ángulo incierto. Cuando volví al aula, mi vaquero lucía un lamparón de aupa, muy húmedo.