Hoy estoy emocionado. Hablé ayer con mi madre, y esta tarde acudirán alvis a vis familiar, no solo ella, sino también mi parienta y el chaval. Ayer tarde, cuando me enteré, me moví rápido por elmódulo para ver que regalo podía agenciarme para darle a mi mujer.
Para mi madre, un compi ya me había hecho un trabajo en hilo: representaba un paisaje de un cuadro de un tal Monet o algo así. Un lago con unas plantas y flores flotantes, algo cursi y hortera, pero el artistilla me ha dicho que a las señoras les pone mucho, que es una pintura impresionista. Bueno, si a la vieja le gusta, vale. Y para mi hijo le encargué otro trabajo, también en hilo, del tamaño de un folio, donde aparecía la familia del cabrón del ratón de Disney, Micky. Pero claro, se lo pedí hace dos semanas y me los ha podido terminar para el vis.
Lo que no esperaba es que mi mujer y mi hijo llegaran para felicitarme las fiestas, como me comentó ayer mi mama. El regalo del niño se lo iba a llevar mi madre, ¿pero qué hago ahora con Pati?
El caso es que otro compi que también hace virguerías con la maquina de tatuar, modeló varios colgantes a partir de los huesos de los aguacates. Los corta en rodajas de un centímetro de grosor, les pone la inicial de la persona, los barniza y taladra un pequeño agujero en la parte superior, por donde pasa un enganche de oro que le consigue una voluntaria en una pequeña joyería. Eso se lo cuelgan las tías de una cadena al cuello y les queda bien molón y elegantoso.
El tío ha vendido media docena de esos adornos en estas navidades, adornos que los compis les han regalado a sus parientas. Cuando le pregunté ayer tarde, me dijo que le quedaba uno sin pulir ni barnizar. Le ofrecí un extra para que le inscribiera una “P” y lo barnizara para esta tarde. Después le mangué un estuche pequeño que tenía el kurdo: ya te lo devolveré algún día, le dije, a lo que me contestó con una sonrisa silenciosa.