No sé por donde empezar. No sé siquiera si quiero comenzar a recordar, a pensar, a escribir. Todo es dolor, en este puto hueco todo duele, y no te digo cómo lo sientes durante esta época…
Lo último que recuerdo haber escrito fue el 23, en vísperas de la nochebuena y ya con un nuevocompi de celda encalomado, para terminar de joder la marrana.
Pero en ocasiones uno se equivoca por apresurado. La compañía del nuevo me ayudó a pasar las fiestas de una manera decente, ya que me ha dado palique, a pesar de su discreción y poco hablar.
Él y su compañero, ese similar a un oso y que llegó con él de conducción, son israelíes. Se trata de dos militares israelíes, y por lo que deduzco de la conversación, pertenecientes a su servicio de inteligencia, elMossad. Parece ser, que estos dos pájaros en cuestión se dedicaron a desviar algunos cargamentos de armas en beneficio propio, hasta que los trincaron. Bueno, trincar, trincar, los trincamos en España, después de expedir Israel una orden de detención internacional. Pero los mendas, no contentos con ello, parece que cobraban algún cargamento que otro en Blanca, por lo que los delitos se duplican.
Aunque deduzco que su país hará presión para que los extraditen, y terminarán siendo juzgados en dicho lugar, y arreglarán el tema con algún acuerdo político; de seguro cuentan con excesiva información que puedan airear.
Los días 24 y 25 fueron una verdadera tragicomedia griega. Aunque en apariencia la peña se encontraba de a buten, si uno se fijaba en los rostros del personal, se percataba de que algunos habían llorado, otros se habían colocaó hasta las trancas, y el resto, pues pegados al telefonito de los cojones. Yo también lloré como una maricona, porque los recuerdos, y en especial, oír la voz de mi chaval al teléfono, impidieron que me mantuviera entero.
Caí en la depre más cabrona que podía imaginar. ¡Qué fechas!