Hoy se forma una en el patio. El Muertes ataca de nuevo.
Después del ko técnico que sufrió la semana pasada a manos del kurdo, ha estado relajado y discreto todo este tiempo; hasta hoy.
Durante el desayuno y por una gilipollez en la cola de espera, la emprende a hostias con un pobre diablo que apenas lleva tres semanas en el módulo por un delito económico.
Lo analiza antes de tenerla. Como se percata de su fragilidad, lo espera a la salida del comedor y en una esquina del patio con escasa visibilidad para losjinchos, le propina dos crochet que sientan al pobre diablo de culo en el suelo.
Pero el Muertes ha vuelto a calcular mal su objetivo. Sí, el menda es un novato y un enclenque, para más inri, pero lleva una semana en conversaciones con mi compi de chabolo, Chaim, para no sé qué negocio de evasión fiscal.
El caso es que mi compi observa el intercambio de palabras de ambos en la cola del desayuno y se mantiene al loro. Avisa, no obstante, al otro israelí por si la situación toma otro cariz. Y la toma.
Por ello, cuando ven que el Muertes atiza dos golpes al economista, se acercan como dos sombras, enganchan uno por cada lado al Muertes por los sobacos y lo introducen en el tigre. Ahí, y antes de que alguien se percate, le dan una mano de hostias de aquí te espero, de esas que joden pero no dejan huella. Para eso son profesionales de la guerra.
Allí lo dejan, tirado en el suelo, y salen como entraron, sin ser visibles. Al cabo del rato alguien entra y de inmediato sale para dar parte a los funcionatas.
Cinco minutos después aparece un jefe de servicios y comienza con el interrogatorio al Muertes y al economista. El Muertes permanece mudo, no así el tolai del novato, que echa pá lante al incendiario; a este último se lo llevan a aislamiento, pero de los israelíes, ni mú, nadie suelta prenda.