He recibido unacartade Paula. Con solo leer el lateral, de módulo a módulo, y oler el tufazo a burdel de carretera, sé que la misiva viene de la suramericana.
Comenta que está mamada, así se expresa la churri, de nuestros encuentros esporádicos en el curso de informática, que no quiere seguir así. Que como llevamos seis meses carteándonos, podemos solicitar ya el vis a vis íntimo. Y que le vale verga, comenta, que esté casado o no, ya que con mi parienta apenas comunico y nunca por elíntimo. Que ella misma va a solicitar medianteinstancia la autorización delvis, y que si no estoy de acuerdo, que se lo diga esta tarde durante el curso, pero que entonces me olvide de ella.
Joder, seré gilipollas. De tanto ponerle al tanto de mi situación familiar, la tía esta sabe todo lo concerniente a la relación que mantengo con mi mujer, y por ello me puede chantajear de esta manera. Me tiene cogido por los huevos y no sé cómo reaccionar. Si no accedo a los vis con Paula, me quedo sin compañía ni sexo en prisión, y al paso que vamos, me voy a mustiar como una flor. Si le apoyo con el vis, tendré una vida taleguera mucho más plena, pero quizás se joda mi vinculación familiar a la hora de pedir, en el futuro, los permisos y el tercer grado. Me comentan que la junta de tratamiento mira eso con lupa. No tengo ni zorra de lo que voy a hacer; tengo hasta la tarde para decidirme.
Por la tarde me encuentro en el curso con Paula. Se ha vestido y arreglado de una manera de lo más provocativa. Me la pone morcillona de inmediato.
Durante el café, y después de un par de semanas de castigo, el maestro nos deja de nuevo salir con algo más de libertad. Nos retiramos de inmediato detrás de una de las columnas. Mientras nos magreamos y besamos a golpe de gemidos, le suelto sin control:
-Vamos a pedir el vis a vis íntimo. Me tienes cachondo perdido –susurro mientras observo una sonrisa vencedora en su rostro.