Hoy hemos estado comentando en el patio y alrededor de unas birras Sin, el tema de Montes Neiro. Como sabéis, la semana pasada le dieron definitivamente la libertad. Y hoy, aunque hayan pasado unos días, hemos decidido brindar por él.
Estamos reunidos más de una docena, desde algún ruina que se encuentra de rebote en este módulo suave, hasta el recién llegado por delitos económicos y protegido por mi compi de chabolo. Todos damos nuestra opinión sobre el tema. Y casi todos coincidimos, excepto dos de nosotros. Uno de los cuales, para nuestra sorpresa, es el ruina.
-Pos si ar compi lan dau la libertá, porque ansina no se la dan ar menda, ¿eh?
-Pero qué dices, compi, qué el Neiro ese llevaba treinta y no sé cuantos entalegaó. Chachi que lo suelten –le responde otro.
-Pos aquí er menda lleva más de veinte entrando y sariendo, y ná de ná. No me han dau una mierda, eso sí, hostias las que quieras y más –responde revirado el ruina.
Entonces el kurdo habla, raro en él, hombre de pocas palabras y menos en público.
-Tú no bueno. Yo entrar y salir toda vida de cárceles turcas, españolas y otros sitios, y no decir nada. Si ellos dar indulto ese hombre, bueno para él. Tú envidia, y eso no bueno.
Todos los que nos encontramos ahí sostenemos el aliento ante la posible reacción del ruina. Pero es ruina, no gil, y sabe que con el kurdo no tiene nada que hacer, a no ser que lo pille en algún rincón de la escalera o del tigre y lo pinche. Se levanta y se pira, no sin antes soltar.
-Anda que ti den, joder.
Seguimos hablando del tema, bebiendo y brindando por la libertad, la de Montes Neiro y la de cualquiera que salga de este pozo; de la libertad universal de los presos.