Eleducador ha llamado a varios de los que estudiamos. Nos hace una interesante propuesta: un periodista del País,Rafael Fraguas, viene a prisión a dar una charla-coloquio a unos cuantos privilegiados, y los que estudiamos somos los elegidos.
Si este ofrecimiento me lo hubieran hecho en la calle, los hubiera mandado a cagar: yo, Javier Guerrero, el rey del mambo, el mejor relaciones públicas de la capital, el rey de lafarlopa para gente de nivel y gustos caros, yo, ¿en un coloquio de un puto periodista?, ni de coñas. Y si alguien de mi círculo cercano se enterara, no daría crédito a la información.
Pues sí, ese gil que era yo, el que se comía el mundo, el que trajinaba con las mejores titis y el que disponía de la mejor perica colombiana, se encuentra entalegado, y da saltos de alegría por ir a ese puta charla con un periodista. Imaginad la falta de acción que tengo, la necesidad de ver gente de afuera, de hacer algo, qué le suelto al educador, que de a buten, y como yo, los otros dos mendas.
Esta tarde nos llevan a una de las aulas del sociocultural. Habitualmente utilizan el salón de actos que está en este mismo módulo, en el socio, y donde entran con facilidad doscientosinternos, pero dado que es una charla con unos treinta pintas a lo sumo, nada, nos acarrean a una de las aulas del piso de arriba.
Para mi sorpresa, me encuentro con Paula y el resto de compis del curso de informática. Han traído a todos los que están estudiando o inscritos en alguno de los cursos, y claro está, que les mole el rollito periodístico. No veo ni a la gitana ni al jinete; imagino que cada cual se habrá quedado en su módulocolocao.
Me siento al lado de mi ligue, aunque no podemos tocarnos; hay varios funcionarios controlando el perímetro; además, la muy zorra me está castigando por el vis y se está sobrando conmigo. ¿A qué la mando a tomar por culo y me quedo tan ancho? Al rato me pispo que no puedo: está demasiado buena, y yo, mú, pero que mú necesitado.