Menudo aperitivo nos apretamos el sábado. Y como plato fuerte de la comilona, el jamón pata negra que traía mi hermana alvis entre bragas y pantalón, y empacaó al vacio. Julián, el economatero, pidió el resto de productos a su compi del economato central, y todos, menos el menda, tuvieron que apoquinar por el pedido.
Sacamos dos mesas del salón al patio, las de propiedad de Jesús y los gallegos, al igual que las sillas, pertenecientes a cada uno de los comensales del aperitivo. Mesas y sillas van marcadas a fuego para dejar constancia de la posesión del mobiliario, y cuando el propietario parte del módulo a otro destino conocido o desconocido, cede sus pertenencias o las vende a su compi o al mejor postor; una suerte de traspaso económico o regalo que nadie se salta a la torera.
Losfuncionarios hacen la vista gorda mientras esto no provoque conflictos, que en ocasiones si deriva en ello, ya que no hay suficientes sillas para todos losinternos: siempre falta alguna perdida en un chabolo, en el tigre o en lasduchas, y ahí son los novatos o losmachacas quienes se joden. En las celdassolo se puede tener una silla, pero muchos suben una segunda, y nadie se pispa; montan una encima de la otra en los recuentos, y a no ser que vengan expresamente por ese tema, pasa desapercibida.
Bueno, el sábado a eso de las doce, y después de hacer el montaje patiero, nos cebamos a jamón, a queso Idiazabal, a fuet, a mejillones y atún enlatados, algo de salmón ahumado y un par de cosas más, sin olvidar las olivas y las patatas fritas. El economatero mandó traer pan recién horneado del destino de panadería, y así, al solecito, una docena de compis nos dimos un festín para tirria del resto de los compis que patieaban, y de alguno de los funcionarios.
Un par depipas se acercaron, a ver que pillaban, y salieron de ahí con unas patatas fritas y unas aceitunas apretujadas en sus manazas, además de unos trujas que siempre consiguen sacar al personal.