Vaya puta mierda de semana. Joder, joder, nos hemos comido los mocos durante toda la Semana Santa, un puro acueducto vacacional. Por fin se vuelve a ver hoy movimiento en el centro, es más, excesivo penduleo por todo el centro. Los de la junta de tratamiento se mueven de un lado al otro como accionados por resortes invisibles, desquiciados y tratando de recuperar los días perdidos. Entre lo revirada que anda la peña por las fiestas y lo acelerados que llegan los jinchos, pues nada, que saltan chispas.
Hoy reparto periódicos y libros en los módulos de mujeres, ya que Luis no puede y me pide el favor. Voy acelerado perdido, con ganas de ver tías, aunque con cierto reparo de encontrarme de morros con la suramericana.
Entro en uno de los módulos de niñas y de inmediato se me acercan un par de ellas.
-Oye, guapo, ¿y el Luis porqué no ha venido hoy, que le tenía un encarguito? –me suelta una de pelo rizado, que en algún momento tuvo que estar buenorra, pero que la escasez de dentadura y carnes, además de la flacidez con que le cuelgan, dan una imagen errónea de lo que fue.
Le contesto que de seguro vendrá mañana. Mientras hablo, veo que dos, agarradas de la mano, se están dando un lote de aquí te espero frente a la pecera de lasgichas. También veo a dos en el patio tomando el sol en ropa interior, con total descaro y sin cortarse un pelo.
Reparto los libros. La última que se acerca, nada fea, por cierto, aunque choni que te cagas, me susurra insinuante:
-Tronco, porqué no nos lo hacemos cuando vaya al socio. Me estoy currando el parvulario y voy toás las mañanas a clase. Que ya te vizto por ahí. ¿Qué, te mola?
Le digo que si, que me mola, pero que tengo chorba, y que va a ser que no. No le hace gracia la respuesta y se pira.