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DIARIO DE UN PREVENTIVO

13/4/2011

Miércoles, 13 de abril

A los coñazos del café y del truja, ya me los he quitado de encima después de varios días de dar la plasta. Aunque la verdad sea dicha, la indigencia campa a sus anchas por estos patios. Todos los días alguien mendiga un café, un truja, un peta, una postura o cualquier otra cosa.

Hoy me hace llamar el educador. Ante mi sorpresa, me encuentro a un tío joven, agradable y sin ínfulas de nada. Me pregunta, escucha y me promete un destino a cambio de apuntarme a algunos cursos y  estudios. Me comenta que a los preventivos no se les suele dar la opción de un destino, ni de cursos, pero viendo mi desesperación e interés por hacer algo, me va a dar esa oportunidad, aunque no espere un destino de los fetén. Y para cerrar el trato, me apunta a un curso de cocina; la próxima semana me confirmará lo del destino.

Salgo satisfecho. Me han escuchado, situación extraña en estos lugares. Me siento de nuevo persona. No va a durar. El funcionario me hace llamar. Es para entregarme la comunicación del parte muy grave que se me ha incoado por la movida con el gitano. Eduardo me aconseja que lo recurra. En caso contrario, será un manchón más en mi expediente. Pero no sé cómo hacerlo. Me recomienda que hable con Mario, uno de los que hacen los recursos de los compis de patio.

Mario es un chileno condenado a treinta y cinco años por terrorismo y colaboración con ETA. En su país perteneció al MIR, ese movimiento revolucionario que luchó en la clandestinidad contra la dictadura de Pinochet. A partir de los noventa y con la llegada de la democracia a Chile, sus militantes se dispersaron y Mario llegó a España. El resto es fácil de imaginar. En el talego ha estudiado dos carreras, es un cerebrín, el muy cabrón, además de cabezón. Y de derecho penitenciario sabe la hostia. Me rellena el recurso en una instancia arguyendo que no había habido pelea y que yo, como preventivo, no debería compartir  modulo con un ruina condenado. El recurso me cuesta un café.