Presiento que el que se ha equivocado he sido yo. No debía de haberme metido por medio; aquí se cuece algo y se van a repartir hostias.
Me desentiendo del tema y me preparo mentalmente para el vis a vis, aunque sigo intranquilo por la reacción del pavo. A las cuatro salgo como un pincel al módulo de comunicaciones. Otra vez llevo el café frío, pero con el calorcillo que comienza a apretar, tampoco me preocupa. Además, cargo con algunos refrescos y algo de picar; hay pá todos los gustos.
El vis transcurre tranquilo. Pat llega muy arreglada, con falda, tacón medio y una camisa que deja entrever el canalillo. Sin embargo, está mi madre y no puedo mirar descarado; no es por nada, pero joder, he de mostrar algo de respeto frente a ella. Tenemos un vis de lo más ameno y distendido. Creo que ambas han hablado y se han propuesto suavizar la tensión; lo han logrado.
Antes de marcharse, me despido de Pati con un, hasta el lunes, y mientras mi madre entra al baño a lavarse las manos, me responde:
-Vale, hasta el lunes, pero trata de arreglar este lío.
Y terminando de hablar, me planta un beso con lengua que me deja tambaleando. Todo en mí se enciende, hasta me sonrojo, mientras ella sonríe pícara y se aleja, agarrando del brazo a mi madre, por el umbral de la puerta. Vuelvo a oír el clac, clac del cerrojo.