La visita de ayer de mi abogado no me ha molado ni esto. Me ha dejado jodido.
Me puso al tanto de mi situación. Además de mis tres kilillos de farlopaal 72,5% de pureza, ya analizada en el laboratorio, a la banda del Héctor le decomisaron otros ochenta y tres kilogramos de la misma Blanca y 150.000 euracos de billetes de los de contar con los dedos. Así que lo llevamos crudo, porque aunque a mi me hayan detenido en solitario, y solo me dedicara al menudeo y algunas ventas mayores, por los seguimientos y el tipo de droga, idéntica, nos han metido a todos en la misma canasta. Por ello toma el caso la Audiencia Nacional, ya que nos imputan banda organizada.
Y a pesar de que las penas se han rebajado con la entrada del nuevo Código Penal, eso me cuenta mi loyer, quizás me pidan más de seis años por lo de la banda organizada. Y el muy cabrón ya se lo ha largado a mi madre y a Pati. Joder, joder, acojonado estoy de llamar hoy a casa, y no te digo de la comunicación del finde. Decido que hoy no hay teléfono; ya veré si lo utilizo mañana.
Al que si llamo es a Héctor. Le pedí ayer el móvil al kurdo, que hoy me lo entrega cuando subimos a la siesta. Una vez chapado en la celda, lo llamo. Edu está informado, y se hace el loco.
-¿Alo? –pregunta una voz latinoamericana.
-Héctor, soy Javier, ¿qué tal?
-Qui hubo, hermano. Oiga, mijo, ya me enteré por los abogados de mis chicos de cómo está la vaina del sumario. Los míos no van a hablar. Saben que no les faltará nada a sus familias, y si sapean, sus familiares viven en Colombia y los conocemos, ¿me entiende? Espero que usted también se comporte como un varón. Le pasaré un billetico a su señora, pero ya sabe, chitoy todo bien –termina con voz calma pero determinante.
Entiendo lo que insinúa. Más me vale comerme el marrónsolito y no largar. Además, ayudará a Patricia, y eso...