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DIARIO DE UN PREVENTIVO

7/7/2011

Jueves, 7 de julio

Hoy toca vis a vis, el íntimo. El lunes, el familiar. Nadie acude. Lo imaginaba. 

Me he puesto como un pincel, por si suena la flauta. Desde el lunes no he hablado con ella. He llamado en un par de ocasiones, pero no se encontraba en casa; hablé con mi hijo.

Al bajar de la siesta, monto una merendola con los chicos. El vis se había fijado para las cuatro de la tarde, por lo que había adquirido con anterioridad las vituallas y los refrescos, alguna cerveza sin alcohol, también. Me he cambiado para bajar al patio y no hacer el panolí; el cachondeo, aunque por lo bajini, hubiera sido de órdago.

A los compis de confianza les cuento la verdad, mientras saboreamos esos lujos de festivo; bueno, el Edu ya está al tanto. El cabrón me ha estado dando ánimos en el chabolo. No te jode, ahora sí, ahora que folla a tutiplén desde que su papi le arregló el brown que tenía por lo de las fotitos. Ahora sí está el niño con ánimos para subírmelos a mí, que llevo una semana... Una noche sí, la otra también, se me escurren las lágrimas pensando en Pati, añorando su cuerpo, sus labios, sus caricias, favores que de seguro están siendo aprovechados por otro. ¿Pero por quién?

Aunque algo intuyo, no me lo quiero creer. Prefiero no pensarlo. Hasta que no tenga un vis con ella, no se lo preguntaré. Los putos cinco minutos de teléfono no dan para nada. 

Mientras charlo con los chicos, haciendo de tripas corazón, tratando de olvidar las penas ahogadas en cerveza Sin, recuerdo que hoy hay algo que festejar. Me pongo en pie, lata en mano, y levanto la voz, rodeado como me encuentro, de mis incondicionales.

-Quiero brindar, por cumplir mi cuarto mes de cautiverio. Hoy, hace cuatro, me detuvieron con las manos en la… coca.

-¡Ja, ja, ja! –toda mi peña se descojona.

Me decido a ponerle buena cara al mal tiempo. Aquí estoy aprendiendo algo a marchas forzadas: los problemas se los come uno en el chabolo, a solas. Pero en el patio, que nadie te vea flaquear.