La noticia está escrita a modo de guasa, de sorpresa y con un tufillo irónico, pero el periodista autor de esta primicia no ha pasado por una prisión en su vida, ni de nuestro país ni de ningún otro.
El protagonista es un chico detenido en Estados Unidos, y al que encontraron en su recto y tras el interrogatorio y unas pruebas médicas, un verdadero depósito de joyas robadas.
Como anécdota puede servir: tan joven y tan hábil para robar y hallar un zulo de esas características.
Pero cualquiera que conozca una cárcel, está al corriente del modo de entrar la droga desde la calle. A saber:
• O la trae la familia en los vis a vis (comunicaciones íntimas y familiares), habitualmente la mujer dentro de la vagina, o • los presos que salen de permiso con los encargos de los compis, y que regresan con un supermercado de drogas y pastis en el ano que da para surtir varios módulos.
Solo hay que esperar a que entre en el tigre (servicio) del patio seguido de sus compis inversores en pos de recibir su mercancía, para que se descargue de lo empetado en el recto:
Y eso, un día sí y otro también. Es un proceso habitual y que en la mayoría de las ocasiones da sus frutos; los funcionarios no desean complicarse la vida y suelen hacer la vista gorda.
UN PATIO CON DROGAS ES UN PATIO AGITADO PERO HABITABLE. UNO SIN DROGAS, PELIGROSO.