Después de pasar la noche y la madrugada en la finca del patriarca, los hermanos, junto a Robustiano, se reunieron en el macro despacho que el Mono mantenía en el edifico de su imperio empresarial. Robus, habituado a solucionar los problemas de manera personal, y no solo los suyos, sino los de todo su equipo, se sentía extraño, desplazado, aunque ninguno de sus amigos así se lo hicieran sentir; era una apreciación personal.
Vivía por el momento en un país extraño donde las leyes y los modos nada tenían que ver con las suyos. Para más inri, él y su mujer eran los invitados en la casa de otro de los afectados que además poseía el poder y la fuerza del ordeno, mando y conozco. No había abierto la boca en toda la noche, apenas al comienzo se permitió dar su punto de vista, pero una vez reunidos con el jefe del clan, por cortesía y prudencia, se abstuvo de realizar cualquier tipo de comentario.
Sin embargo, ahora junto a los jóvenes Vallejo y estando Paz en peligro, decidió dar su punto de vista.
-Hasta ahora no he hablado por respeto hacia vosotros, mis amigos colombianos y anfitriones. Pero nuestras mujeres están en peligro y cada minuto que pasa es un minuto menos de vida que les queda a nuestras chicas. Propongo que…