-Patrón, nos encontraron, nos vieron y nos tienen jodidos, rodeados. Nos han mandado un bazokazo a la casa y…, a ver, ¿ahora qué hacemos? –habló con cautela dubitativa el Gonorrea.
-Apenitas, desde que llegaron así, de afán y por sorpresa, unos veinte minuticos, pero veinte minutos que nos hemos dado bala corrida, bazokazos y hemos tumbado a varios de ellos; también han caído dos de los nuestros.
La línea se interrumpió, aparentemente.
-Patrón, Patrón, ¿está allá? –preguntó el Gonorrea nervioso, consciente de que en cualquier momento podría desencadenarse el ataque definitivo del exterior.
-Miré, por lo que dice, ustedes están jodidos por todas partes y el tiempo se les acabó, por eso ya no puedo enviarles más gente hasta arriba, pero si los de acá salen volados, les llegan hasta la carrera que baja del cerro, a la plaza. Allá los esperarán estos refuerzos. Pero tienen que salir con las dos hembras delantico; a ellas no las quebraran. Se me marchan ya y yo les envío los otros manes. Ah, y recuerde, a las hembras nada de nada; que no me las toquen, las quiero enteritas. Se me fueron –y así cortó la comunicación el Tuerto, de manera brusca, como lo que él mismo era, un gañán brusco y maluco.