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LOS FLORIDA 140

4/2/2011

Cuando esa tarde tuvo que enfrentarse al Mono con el reporte del día, el éxito de todo el operativo se vio empañado por su pequeño fracaso. El único fracaso, un pequeño detalle en el engranaje de esa gran maquinaría de matar, pero un detalle que escocía al Mono por lo que para él representaba.

-Qué es la vaina con usted, que últimamente me falla, ¿eh? Dejó morir a la señora Patricia y ahora se le vuela el hijueputa que la mandó joder. ¿Qué quiere, que lo quiebre a usted y a su puta familia? Diga, ¿quiere eso? –le increpó con toda su mala leche.

El lugarteniente bajó la vista, tragándose su orgullo, su dignidad de varón y toda la saliva que aún le quedaba en esa garganta que iba resecándose por momentos.

-Patrón, qué pena con usted, pero el malparido se nos voló por una caleta de la que nadie nos había informado. El resto del operativo salió como previsto.

-Sí, sí, el resto salió del putas, con comandos de a dos y a cuatro manes; todo bien. Pero el suyo, el más completico, con más de doce y usted a la cabeza, ni pa’l carajo. ¿Cómo va a solucionar la vaina? –volvió a insistir Simón. 

Entonces Róbinson elevó la mirada y la clavó en la de su jefe.

-Patrón, yo soy un varón y si le di mi palabra que ese Tuerto está muerto, ya huele a cadáver, él y toda su familia. Déme dos semanas y no le falló. Por mis hijos y por mi virgencita, María Auxiliadora.

El Monó aguantó la mirada. Entonces dio media vuelta y mientras se alejaba se le oyó decir:

-Dos semanas, dos semanas, no más. Usted verá.