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LOS FLORIDA 141

7/2/2011

Durante la semana siguiente, los movimientos soterrados de Róbinson se demostraron febriles. Su gente removió los bajísimos fondos en busca de información, revolviendo todos los suburbios con dádivas, promesas e intimidaciones. Por fin, al cabo de varios días de rastreo, la información comenzó a fluir. Primero con amenazas; con posterioridad y una vez localizada y verificada la fuente como solvente, apretando las tuercas a la mujer y los hijos del confidente forzado.

Así Róbinson pudo averiguar, que desde el día de los hechos, el Tuerto, su familia y sus personas de confianza habían cambiado a diario de lugar, de caleta, de apartamento, y por fin de ciudad. Sintiendo el Tuerto que el cerco se estrechaba sobre ellos, y a estas alturas de la movida, escaso de gente, de fieles, de lugares y de billete de los de contar, ya que a las inversiones no accedía con facilidad, decidió despachar a su mujer e hijos a los Estates, permaneciendo con sus hombres en la región a fin de ir recuperando su imperio. Lo que no previó, es que el Mono tuviera a parte de los mandos del DAS y F2 del departamento de Antioquia y otras regiones del país en su nómina; sus cálculos iniciales erraron en el poder soterrado de la familia Vallejo, nada ostensible en lo superficial, pero profundo y amplio en su base como un iceberg.