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LOS FLORIDA 155

25/2/2011

-Ahorita, que ha visto morir a su esposa, como yo a la mía, que conoce el futuro de sus hijos antes de que acontezca, y que ha perdido parte de sus dedos, va a experimentar en carne propia lo que el carnicero Idi Amin aplicaba a sus víctimas en Uganda. Fue uno de los mayores torturadores del siglo XX, y para que usted muera recordando su espíritu, le daremos una de sus medicinas más sencillas, a la vez que más sofisticadas. Tranquilo, gonorrea, que se la iré explicando mientras se lleva a cabo, tranquilo –terminó su discurso, mientras observaba el rostro demudado del tumbado antes de volver a sentarse.

Entonces se acercaron dos manes más hasta la mesa. Uno portaba una olla de cobre y un soplete; el otro, una jaula. En su interior, una gruesa rata gris se revolvía sin descanso.

El Mono, sin incorporarse y sorbiendo un buen trago de la bebida, comenzó con sus razonamientos pseudocientíficos sobre el experimento que realizarían con él como cobaya de laboratorio.

-Mire, ahora mis chicos le pondrán la rata sobre su barriga, cubierta con la olla. A la olla le aplicarán fuergo, el del soplete, por la parte de arribita. A medida que el metal se caliente hacía abajo, la rata, tremenda rata que le acompañará, se pondrá nerviosa buscando volarse. Pero como no se podrá volar, la única salida que encontrará…,¿sabe usted cuál es? –interrumpió la explicación esperando una respuesta que era inviable recibir -sí, brother, esa, su ombligo, mi hermano, su ombligo. Comenzará a escarbar, a morder, a perforar, hasta que haya excavado la salida en su carne. Y entonces…, penetrará en su cuerpo como enloquecida, y lo recorrerá buscando una salida, pero…, quizá, como lleva varios días sin comer, le den ganitas y se comerá sus entrañas. ¿Qué le parece, parcer?