Contacta con Infoprisión: infoprision@gmail.com

blog

LOS FLORIDA 154

24/2/2011

Cuando las cabuyas quedaron bien amarradas, el Mono, con un vaso largo de whisky en su siniestra y un gran habano en su diestra, como si a un gran espectáculo asistiera, realizó un gesto que todos captaron. 

Un indiecito de torso desnudo y poca carne, se acercó, con unas finas tenazas, a su brazo izquierdo. Tomó con rostro impasible su mano y de ahí, su dedo meñique. La mano comenzó a moverse con vida ajena, la que le proporcionaba las órdenes cerebrales del Tuerto, que con el ojo saltón, el único que poseía, presentía la acción que a continuación aconteció. Le arrancaron de cuajo la uña. 

Un terrible aullido salió expelido entre las fibras del esparadrapo, pero solo alcanzó a sonar dentro del galpón. Así, el indiecito poca cosa, fue extrayéndole una por una las diversas uñas de una de las manos, después de la otra, para a continuación acometer su trabajo en los pies. En un par de ocasiones el Tuerto perdió el conocimiento, pero otro man, con un baldado de agua, lo hizo regresar del mundo de las tinieblas. Cuando el torturado había perdido todas y cada una de las uñas de sus apéndices, el Mono se levantó, acercó el cuerpo a su vera y le dijo: