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LOS FLORIDA 52

22/9/2010

Así operaba el negocio de la perica en el nuevo siglo: limpio, sofisticado, con los capos a resguardo de sus grandes empresas, y con los políticuchos, los maderos y un sinfín de individuos y funcionarios comiendo de ese maná que nunca se acaba. Y las Oficinas de representación supervisando el tejemaneje de todo el bisines nacional e internacional.

En la Península, los nuevos clanes que dominaban el panorama de los puertas discotequeros y los gimnasios se habían diversificado a raíz del desmembramiento de los Florida. Brotaban como setillas, de diferentes nacionalidades y diversos pelajes: los Persas, que con el tiempo se terminarían llamando los Iraníes y con un tal Fareed a la cabeza, el clan de los Búlgaros con Ivo como el que cortaba el bacalao, los Neonazis, y un enjambre variopinto de grupúsculos de diversas tendencias y objetivos, aunque todos buscaran una meta idéntica y definida: controlar el negocio de la droga, de las pastis, de los anabolizantes prohibidos, en resumidas cuentas, de la pasta gansa y cuanto más pasta mejor, del color que sea y de la opacidad que fuera. 

Al cabo del tiempo, todos los dirigentes de dichos clanes acabaron con sus carnes tersas en prisión: primero el Robustiano, después el Fareed, a continuación el Ivo y así, uno trás de otro, como si de una cadena de producción interminable se tratara. Y a medida que caían los de arriba, los de abajo ascendían y vuelta a empezar; la productividad nunca descendía ni se paralizaba. Solo se transformaba la dirección de la marca o la marca en sí; el resto funcionaba como una maquinaría suiza.