El Gobierno británico lo vende como la resocialización idónea para los reclusos, dado que no solo trabajan sino que también perciben un sueldo por dicho cometido.
Lo que solo aparece en la letra pequeña es el salario que recibirán por esa jornada laboral en toda regla y realizada para una empresa del exterior de la prisión: 3 libras esterlinas diarias, es decir, una cantidad muy por debajo del salario Mínimo Interprofesional en la Gran Bretaña.
Otro de los problemas que se esgrime desde la opinión pública inglesa es el de la privacidad de datos, ya que tratándose de un call center, el hecho de que los reclusos puedan manejar números telefónicos, nombres y otros datos de los usuarios, dejarían a éstos, según ellos, en una total indefensión informativa frente a los operarios, presos al fin y al cabo.